Ella, le abrió el camino hacia el paraíso,
el destino les unió sin previo aviso.
Él sin pensarlo tomo su mano,
sin mirar atrás una historia comenzaron.
Ella criada en libertad le enseño a vivir sin
perjuicios ni maldad sin temor a hablar ni a pensar.
Ella, que le revelo el juego del amor. Y el,
como no, su juego siguió con lujuria y
sin remordimiento su cuerpo le entrego.
Ella, risueña le engaliaba, su confianza le daba;
y el en sus brazos la atrapaba.
Ella, le disuadió con su canto de sirena e
hipnotizó con su misteriosa mirada;
él rendido a sus pies le dijo:
¡Aquí estoy yo!, mi musa venida del parnaso.
Ella con dulces palabras y acariciando su
rostro cálido le contestó:
Hoy te ofrezco que seamos uno, pero libres;
que no temamos amarnos ni avergonzarnos
sino protegernos y mantenernos unidos.
Hoy te digo que no coartare tus deseos ni
necesidades pero si te pediré sinceridad.
Ella, le ofreció su corazón con una sola condición:
Nunca le hagas daño, por favor.

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