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Ella.



Ella, le abrió el camino hacia el paraíso, 
el destino les unió sin previo aviso. 

Él sin pensarlo tomo su mano,
sin mirar atrás una historia comenzaron. 

Ella criada en libertad le enseño a vivir sin 
perjuicios ni maldad sin temor a hablar ni a pensar.
Ella, que le revelo el juego del amor. Y el, 
como no, su juego siguió con lujuria y 
sin remordimiento su cuerpo le entrego. 

Ella, risueña le engaliaba, su confianza le daba; 
y el en sus brazos la atrapaba. 

Ella, le disuadió con su canto de sirena e 
hipnotizó con su misteriosa mirada; 
él rendido a sus pies le dijo: 
¡Aquí estoy yo!, mi musa venida del parnaso.

Ella con dulces palabras y acariciando su 
rostro cálido le contestó:

Hoy te ofrezco que seamos uno, pero libres; 
que no temamos amarnos ni avergonzarnos 
sino protegernos y mantenernos unidos. 
Hoy te digo que no coartare tus deseos ni 
necesidades pero si te pediré sinceridad. 

Ella, le ofreció su corazón con una sola condición: 
Nunca le hagas daño, por favor. 


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Ahora.

No era perfecto.  Era puro nervio.  Frenético.  Un fuego intenso  que consiguió llegar a mi interior.  Y ahora.  Ahora me has arrebatado el sueño,  te has apoderado  de cada recoveco de mi cuerpo.  Ahora que has aparecido has curado heridas de guerra,  secado mis lágrimas  y ganado mi alma.  Ahora que los astros se alinean,  muestran el camino que  llevan   mis labios a los tuyos y...  se besan; se desean; se deshacen como hielo. Ahora que tus labios  y los míos sellan su amor... Ahora.  Ahora siento un corazón  que palpita al son del mío. 

Así fue.

  Tal cual.  Me planté y dije: ¡Basta! Esta no soy yo. Lo sé.  Decidí mirar a los ojos del miedo plantarle cara sin dudar. Me desnudé frente al espejo sin pudor y,  con coraje me dije a mi misma:  " El reflejo que estas viendo en el espejo, esa, esa eres tú y nadie más." Sin titubear busqué mi rostro en el reflejo del espejo, me encontré y, en un momento de lucidez recordé quien soy, quien quiero ser y quien no voy a ser.  Como ave fénix renací.  No me hice ni más fuerte, ni más valiente, ni la mejor ante nadie.  Solo recordé la mujer que soy; sin tapujos me elogie por ser capaz de desnudarme para verme a mi misma, tal y como soy.  Me alegre de desnudarme solo para mi y... para nadie más. 

Increíble.

  ¡Ahí!  Cuando se suelta la melena alza la cabeza y, sonríe.  ¡Ahí vuelve a ser ella  de nuevo! No imagina lo valiente que es  cuando da la cara sin tapar sus  errores.  Es increíble ver,  como coge valor  para volver  a reconstruirse.