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Ahora.




No era perfecto. 
Era puro nervio. 
Frenético. 
Un fuego intenso 
que consiguió llegar a mi interior. 

Y ahora. 
Ahora me has arrebatado el sueño, 
te has apoderado 
de cada recoveco de mi cuerpo. 

Ahora que has aparecido
has curado heridas de guerra, 
secado mis lágrimas 
y ganado mi alma. 

Ahora que los astros se alinean, 
muestran el camino que  llevan 
 mis labios a los tuyos y... 
se besan;
se desean;
se deshacen como hielo.

Ahora que tus labios 
y los míos
sellan su amor...


Ahora. 
Ahora siento un corazón 
que palpita al son del mío. 

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Así fue.

  Tal cual.  Me planté y dije: ¡Basta! Esta no soy yo. Lo sé.  Decidí mirar a los ojos del miedo plantarle cara sin dudar. Me desnudé frente al espejo sin pudor y,  con coraje me dije a mi misma:  " El reflejo que estas viendo en el espejo, esa, esa eres tú y nadie más." Sin titubear busqué mi rostro en el reflejo del espejo, me encontré y, en un momento de lucidez recordé quien soy, quien quiero ser y quien no voy a ser.  Como ave fénix renací.  No me hice ni más fuerte, ni más valiente, ni la mejor ante nadie.  Solo recordé la mujer que soy; sin tapujos me elogie por ser capaz de desnudarme para verme a mi misma, tal y como soy.  Me alegre de desnudarme solo para mi y... para nadie más. 

Increíble.

  ¡Ahí!  Cuando se suelta la melena alza la cabeza y, sonríe.  ¡Ahí vuelve a ser ella  de nuevo! No imagina lo valiente que es  cuando da la cara sin tapar sus  errores.  Es increíble ver,  como coge valor  para volver  a reconstruirse.