Una vez fuiste a buscar refugio entre sus brazos, creaste un bunque entre sus deseos y tus pecados. Eres el fugitivo que huyó del dolor, hasta que ella te hizo preso de unos besos, que una vez fueron torpes hasta que se hicieron hábiles y fugaces. Ella, mi delirio: el fruto sano de la lujuria y la locura. Ella el toque cálido dentro de mi tormenta negra. Ella el beso que prendía mi alma. Ella: la cura de mi locura.