La habitación ya no tiene el mismo esplendor, la oscuridad invadió cada recoveco de ella.
La almohada ha recuperado su forma original y tu olor ya no se encuentra entre las sábanas.
No puedo negar que extraño tu ausencia.
Me he perdido en un mar de dudas y no consigo llegar al final.
¡Dios! ¡Cómo me duele tú ausencia!
Tenerte, aunque solo fuera para mirar tu cuerpo vivo pero inerte me mantenía vivo.
Ahora, ya no hay nada que pueda suplir el vacío que has dejado en esta habitación.
Antes era luz; ahora solo queda oscuridad y soledad.
Aún así no puedes imaginar cuanto duele tu ausencia.
Mi vacío llegó cuando tu alegría se marchó.
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