Ella era el antídoto de la cura de mi pobre cordura.
Ella era el brillo que da luz en la penumbra.
Ella era el tornado dentro de mi insólito mundo.
Ella era el almíbar que endulzaba mis días amargos.
Ella era la brisa, la prisa, una chiquilla traviesa
que hizo de su caminar un sendero para no perder
el rastro que iba de mi boca hacia sus labios.
Ella, la sirena que hipnotiza al marinero para salvarlo
del naufragio.
Ella.... la cura del amante incauto.

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