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Por ellas.








Por las miradas
las que callan, 
las que sueñan, 
las que no dicen nada.


Por la cautivadora mirada que llega al alma,
aquella que no puede ocultar su condena. 
Aquella mirada que llora a escondidas, 
la que amordaza el alma,
dolida por no gritar los tormentos que crean su penitencia.

Por la cómplice mirada, hacedora de sonrisas inacabadas. 
Creadoras de amores inconscientes, ignorantes, 
errantes en la vida necesitados de un amor sincero. 
Duradero. Puede que eterno. 
¿Quién sabe?
En este mundo incierto, donde se desconoce su paradero. 

Por esa mirada que nos penetra y nos enreda; 
nos hace esclava y nos envenena.
por aquella que nos hace sentir pequeños 
y grandes a la vez. 
Por aquella en la que el tiempo se para, 
los minutos no pasan,
y el reloj se desquebraja.

 Por la mirada alocada, imborrable;
por la única y entrañable. 
Por la que hiere;
por la que ama. 


Porque cada mirada cuenta una historia, tu historia.
Porque ella, es tú reflejo.


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Ahora.

No era perfecto.  Era puro nervio.  Frenético.  Un fuego intenso  que consiguió llegar a mi interior.  Y ahora.  Ahora me has arrebatado el sueño,  te has apoderado  de cada recoveco de mi cuerpo.  Ahora que has aparecido has curado heridas de guerra,  secado mis lágrimas  y ganado mi alma.  Ahora que los astros se alinean,  muestran el camino que  llevan   mis labios a los tuyos y...  se besan; se desean; se deshacen como hielo. Ahora que tus labios  y los míos sellan su amor... Ahora.  Ahora siento un corazón  que palpita al son del mío. 

Así fue.

  Tal cual.  Me planté y dije: ¡Basta! Esta no soy yo. Lo sé.  Decidí mirar a los ojos del miedo plantarle cara sin dudar. Me desnudé frente al espejo sin pudor y,  con coraje me dije a mi misma:  " El reflejo que estas viendo en el espejo, esa, esa eres tú y nadie más." Sin titubear busqué mi rostro en el reflejo del espejo, me encontré y, en un momento de lucidez recordé quien soy, quien quiero ser y quien no voy a ser.  Como ave fénix renací.  No me hice ni más fuerte, ni más valiente, ni la mejor ante nadie.  Solo recordé la mujer que soy; sin tapujos me elogie por ser capaz de desnudarme para verme a mi misma, tal y como soy.  Me alegre de desnudarme solo para mi y... para nadie más. 

Increíble.

  ¡Ahí!  Cuando se suelta la melena alza la cabeza y, sonríe.  ¡Ahí vuelve a ser ella  de nuevo! No imagina lo valiente que es  cuando da la cara sin tapar sus  errores.  Es increíble ver,  como coge valor  para volver  a reconstruirse.